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susana@bitacoragestalt.com

Susana Ramos

Un poco de calma. A ver si podemos detener la pelea con nosotros mismos y pararnos únicamente a respirar y sentir.

Nací en Madrid, en 1966.
Licenciada en Filosofía y C.C. de la Educación, Universidad Complutense de Madrid.
Formación en Terapia Gestalt, Escuela Madrileña de Terapia Gestalt.
Tutora de la VI promoción.
Protoanálisis / Programa SAT, con el Dr. Claudio Naranjo.
Análisis y Conducción de Grupos / Grupo de Creatividad, con Paco Peñarrubia.
La Relación Terapéutica vista desde el Eneagrama, con Águeda Segado.
Miembro Didacta y Supervisor de la AETG.
Psicoterapeuta acreditada por la FEAP.
Especialista Universitario en Psicodiagnóstico y Tratamiento. Psicoterapia Psicoanalítica. Universidad de Comillas.
Postgrado en Psicodrama Psicoanalítico, IEPPP.
Postgrado en Psicoterapia Clínica Integrativa, IPETG.
Trabajé durante 10 años en instituciones; desde 1995 realizo terapia individual y grupal en consulta privada.
Desde 2009 colaboro con las Escuelas de Formación en Terapia Gestalt de Cáceres, Vitoria y Talavera de la Reina.



Mi Recorrido


Tanto por biografía como, seguramente, por temperamento, llegué a los 18 repleta de inhibiciones, penas y también de ganas, rabia y fuerza. No me resignaba ni a ser la persona que era ni a vivir en el mundo en que vivía; de modo que me puse a buscar.

Tuve suerte y encontré rápido. El primero que apareció fue Rafael Nava y sus excepcionales clases de Expresión Corporal; por aquel entonces, él estudiaba Gestalt e introducía en sus clases ese modo tan especial que algunos gestaltistas tienen de acercarse a lo profundo del ser humano. En cuanto pude inicié mi terapia individual con Dalia Plaza, me formé en la Escuela y fui haciendo el trayecto formativo – terapéutico que describo más arriba.

Durante casi 15 años vivenciar, experimentar, crear, sentir, atreverme, fueron la guía. Y me sentó muy bien.

También tuve suerte con las amistades. Conocí muchas personas que habían elegido un camino muy personal, acorde consigo mismas y bastante diferente de lo que se esperaba de ellas. Aprendí la importancia de seguir el propio deseo, por estrafalario que parezca a ojos de los demás.

Inicié la vida profesional trabajando en dos instituciones que atendían a personas con discapacidad. Fueron dos experiencias bastante polares. En la primera de ellas fui incapaz de desarrollar un modelo de trabajo con el que sentirme cómoda; un pequeño desastre. En la segunda se dieron otras condiciones, justo las contrarias; pude jugármela, con mayor o menor acierto, pero jugar entera. Y vi que era así como yo quería trabajar.



A los dos meses de terminar la formación en Gestalt me derivaron a mi primera paciente para terapia individual. No había considerado la posibilidad de trabajar fuera del mundo institucional, pero quise probar. No sé qué me gustó más, si la tarea en sí o el hecho de no tener que rendir cuentas más que a mis pacientes y a mi propia conciencia. Decidí variar el rumbo, dejar el mundo de la educación e iniciar la profesión de psicoterapeuta.

Fui aprendiendo el oficio con mi supervisora, Águeda Segado.

Seguí estudiando según me parecía que la práctica me demandaba. El marco teórico del psicoanálisis me sirve para entender y ayudar a entender algunos entramados de la psique que no consigo explicarme satisfactoriamente desde la Gestalt (inicié, además, un proceso de psicoterapia psicoanalítica con Daniel Valiente). El psicodrama, para traer al presente situaciones traumáticas o conflictivas y desde ahí procurar algunos insights difíciles de obtener de otro modo y buscar alternativas reparadoras; lo utilizo más en trabajo grupal que individual. Lo mismo sucede con la práctica bioenergética; no suelo hacer cuerpo en las sesiones individuales –sí en las grupales-, si bien en algunos momentos me ayuda hacer una lectura corporal de la persona y plantear un trabajos que ayuden a transitar situaciones difíciles de resolver desde la palabra.

Me gusta ese dicho de que la vida es la mejor escuela, si bien a veces me parece que aprieta muy duro y, sin ayuda, es difícil aprender nada. Mis maestros de la vida han sido y son la literatura, los viajes, los amigos, los amores, mis perros y mi hijo; los otros maestros ya están nombrados en este escrito.

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Como entiendo la terapia

“Conozca todas las teorías, domine todas las técnicas. Pero al tocar un alma humana sea apenas otro alma humana”
Carl Jung

Los seres humanos solemos tener vulnerabilidad y fuerza en grandes dosis. Fragilidad y recursos son las primeras coordenadas que intento observar en la persona que se sienta delante de mí. Respeto y reconocimiento para ambas me parecen guías del camino.

El lugar al que llegar, a mi modo de ver, es poder habitar un espacio de confort, entendido éste como un posicionamiento interno desde el que poder desplegarnos con la mayor libertad posible: libertad para decir, para callar, para confrontar, para amar, para alejarnos, para salirnos de la norma o adaptarnos a ella. Aprenderemos a leer nuestra propia brújula, cada uno la suya, totalmente distinta a cualquier otra que nos encontremos.

Entender quién somos me parece tan importante como vivenciar quiénes somos.

No es un viaje sencillo, ni agradable todo el tiempo. Pero doy fe de la calma que se instala en cada uno de nosotros a medida que vamos pudiendo hacer el camino.