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Silvia Berdullas Saunders

Aprendiendo la felicidad de los pequeños detalles de la vida, agradeciendo todo lo que viene.

Nacida en Madrid en 1976.
Licenciada y Doctora en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid.
Formación en Terapia Gestalt en la Escuela Madrileña de Terapia Gestalt -EMTG- (2002-2005).
Formación en Psicoterapia Integrativa -programa SAT-, dirigido por Claudio Naranjo (2005-2011 y 2006-2014).
Máster en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid (2000-2002).
Máster en Desarrollo de Recursos Humanos y Gestión del Conocimiento por la Universidad Complutense de Madrid (2006-2008).
Diploma en Salud Mental, Violencia Política y Desastres por la Universidad Complutense, la Fundación IEPALA y el Instituto Rafael Burgaleta (2000-2001).
Taller sobre la Relación Terapéutica vista desde el Eneagrama, dirigido por Águeda Segado (2012).
Especialista en Psicoterapia EuroPsy (Federación Europea de Asociaciones de Psicología, EFPA) (2014).
Proceso Hoffman de la Cuadrinidad con el Instituto Hoffman (2006), dirigido por Luis Fernando Cámara.
Actualmente soy tutora de Formación en la EMTG y estoy realizando la acreditación como profesora del Proceso Hoffman.


Mi Recorrido


Llegué a la terapia Gestalt por una necesidad de encontrar respuestas y con una fijación por “reordenar” y controlar una serie de situaciones personales –el trabajo, la pareja, la familia- que se habían venido literalmente abajo. En plena crisis, y para mi sorpresa, el proceso que inicié entonces nada tuvo que ver con reorganizar o con colocar de nuevo -a ser posible, en el mismo lugar, esperaba yo- todas las cosas que se habían quedado panza arriba. Tampoco tuvo que ver con seguir tratando de ser mejor, más eficiente, más perfecta, en otras palabras, con seguir persiguiendo ser alguien que no era –lo que, todo sea dicho de paso, me provocaba un inmenso malestar y sufrimiento-, sino que me llevó a entender que el asunto pasaba por aceptarme a mí con todo lo que eso suponía, con mis muchas luces y mis muchas sombras, y con aceptar, a la vez, que la vida tiene designios propios y que es imposible controlar todo lo que nos sucede. Aceptar lo que es y no puede ser de otra manera, eso es lo que comencé a entender que necesitaba.


Fue desde ahí que tuve claro que lo que quería ofrecer a otras personas era lo que a mí tanto me estaba sirviendo y ayudando y mi tendencia académica empezó a perder protagonismo. Comencé a formarme en la Escuela Madrileña de Terapia Gestalt, y mi (mis) procesos de terapia, con Dalia Plaza, primero, con Javier Miranda cuando ella se marchó al sur, y con Águeda Segado en los últimos años, con quien, además, hice supervisión durante dos. Entre medias, han ocurrido muchas cosas: completar el programa SAT (a donde he seguido volviendo durante 10 años) y conocer a Claudio Naranjo, hacer el proceso Hoffman y pasar a formarme con el Instituto, entrar en contacto con los 5 ritmos y, algo muy importante, conocer la meditación e incorporarla en mi vida diaria, primero practicando zazén y, más tarde, a través de Rigpa, donde, durante un tiempo, estuve muy implicada. No puedo sino estar agradecida por todas y cada una de las experiencias de mi vida.

Por todas y cada una de las personas que la han habitado temporalmente o en estancias de larga duración. Cada una me ha traído algo, me ha enseñado algo, ha dejado algo importante que me ha hecho ser quien soy. Agradezco lo que viene, aunque a veces no pueda evitar pelearme antes de rendirme. Voy dando pasos y confío en que todo traerá algo que me será útil. Es desde esa gratitud que entiendo el proceso terapéutico, y es desde lo mucho que siento que he recibido y que la vida me ha dado que tengo el anhelo de devolver, al menos, un poquito de lo mucho que me ha sido concedido.


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Como entiendo la terapia

Entiendo la psicoterapia como una travesía acompañada que nos lleva desde la sombra a la luz.

Permíteme que aclare lo que quiero decir.

Lo más frecuente es que nos planteemos hacer una terapia porque nos encontramos en algún tipo de crisis y/o estamos experimentando una pérdida importante -ya sea en la pareja, en el trabajo o los estudios, con la familia, los hijos o cualquier otra situación- que nos produce sufrimiento y/o síntomas de diferente naturaleza como ansiedad, tristeza, dolor, enfado u otras, y nos hace la vida más difícil.

Un proceso de terapia es una oportunidad de, con el acompañamiento de alguien cualificado, comprender lo que me está pasando y aprender a afrontar las situaciones que estoy viviendo, los pensamientos que pueda estar teniendo sobre esas situaciones y las emociones que siento.

Aunque los procesos terapéuticos tienen diferentes niveles de profundidad, y cada persona debe ir decidiendo sobre su propio camino con ayuda del terapeuta, así como elegir hasta dónde quiere llegar (a veces necesitamos abordar situaciones puntuales y con eso nos es suficiente y, otras, queremos llegar hasta el núcleo profundo de lo que nos hace sufrir), siempre pasamos por un viaje de comprensión de lo que nos sucede y de aprendizaje sobre cómo manejar lo que nos está ocurriendo. Ese proceso pasa por ir comprendiéndome a mí y, con ello, a los otros, tomando conciencia de los aspectos de mí mismo o misma que me hacen sufrir, dar significados nuevos a cosas que siempre había visto de una manera, e ir ganando, así, libertad y felicidad.

En ese camino, en esa travesía, la manera en que se da la relación terapéutica es uno de los elementos esenciales para irse conociendo.