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Pepe Valero

Una buena terapia nos acompaña en la tarea de auto-aceptarnos suficiente y sostenidamente. Ir lográndolo es el mejor cambio que puede transformar el sentido de nuestra vida.

Nacido en Fuensanta (Albacete) el 1 de abril de 1953.
Realicé la Formación en Terapia Gestalt en la Escuela Madrileña de Terapia Gestalt (EMTG), en la 2ª promoción (1992-94).
Proceso Hoffman de la Cuadrinidad con el centro Solaris, 1992.
Taller sobre Protoanálisis con Claudio Naranjo desarrollado en Madrid, 1992
Grupo de postgrado en Creatividad coordinado por Paco Peñarrubia,1994-97.
Postgrado de Análisis y Conducción de Grupos, impartido por Paco Peñarrubia.
Tutor de Formación en la 6ª promoción de la EMTG, 1996-98.
He colaborado como Ayudante en distintos Talleres monográficos. Con Paco Peñarrubia en su Taller de las 4 Caras del Héroe, así como en el Taller que sobre Introducción al Eneagrama impartió, junto con Annie Chevreux, en Sigüenza.
En el taller de Figuras Parentales que imparte la EMTG, de la mano de Enrique de Diego, Águeda Segado, Pedro de Casso y Dalia Plaza.
Participé en el primer Taller sobre la Relación Terapéutica vista desde el Eneagrama que impulsó y dirigió Águeda Segado.
Me formé en el Programa SAT de Psicoterapia Integrativa que dirige el Dr. Claudio Naranjo, años 2002, 2003 y 2010.
También realicé el postgrado en Terapia Corporal para gestaltistas que impartieron Francis Elizalde y Juan Carlos Egurzegui, 2007-2008.
Finalmente me formé en el postgrado de Psicodrama Psicoanalítico en el Centro Psicoanalítico de Madrid que dirige el Dr. Daniel Valiente, 2010-2012.
Miembro fundador de Bitácora, terapia Gestalt, 2002.



Mi Recorrido


Como muchas otras personas llegué al mundo de la terapia buscando ayuda para resolver una aguda crisis de pareja que parecía irresoluble. Corría el año 1989. Tenía tanto susto y tanta rabia e impotencia, que necesité como terapia urgente iniciar clases de kárate para integrar mi agresividad dolida y ese hallazgo de la mano de Jose Luis Paniagua salvó mi salud física y emocional. Esos dos años de arte marcial templaron mi ánimo y fueron la antesala de mi encuentro con la Gestalt en los inicios de la década de los noventa.
Hice mi aprendizaje gestáltico en la Escuela Madrileña de Terapia Gestalt (EMTG) a donde llegué por la novia de mi amigo Luis que estaba formándose en la 1ª promoción. Luego ya de la mano de Paco Peñarrubia fui haciendo todo el proceso de afinamiento tanto en la Formación como en terapia individual y de supervisión.

Esa década de los 90 fue prodigiosa: mucha tarea personal en innumerables encuadres me permitió hacer buen compost de tanta “basura biográfica” como llevaba encima. Venía del mundo de la astrología –psicoastrología- y venía con muchas tablas valiosas y también con muchos resabios neuróticos.
Encontrarme –por orden de aparición- con Pedro de Casso (amigo desde entonces) en aquel Hoffman del 92 al que me lancé sin bagaje terapéutico alguno; con Paco Peñarrubia al iniciar la formación, padre reparador de mi autoridad mutilada, maestro y amigo; con Annie Chevreux, mujer fuerte, inseducible que me asustaba y atraía; con Águeda Segado a quien escuchaba admirado y también evitaba sobremanera y con Enrique de Diego con quien siempre sentí calidez y complicidad terapéuticas y fraternales tanto en mi formación y aprendizaje como en su supervisión…. encontrarme de golpe con todos ellos cambió mi vida, afortunadamente.

También en aquellos años 90 cuajaron los vínculos con los compañeros/hermanos buscadores con quienes se fraguó Bitácora, terapia gestalt: Pedro Pablo, Susana, Eustaquio y Rafa. Todo mi agradecimiento a Susana Ramos que fue quien promovió y me invitó a formar parte del nacimiento de Bitácora allá por el verano del 2002. También Eustaquio García Vallés y Rafa Nava son referentes muy entrañables tras tantos años de camino común.



Forman también parte de mi proceso, desde finales de los 90, los tres años de postgrado en Psicodrama Psicoanalítico con Daniel Valiente y los demás compañeros del grupo de formación del Centro Psicoanálitico de Madrid a quienes también les debo gratitud por nuestros encuentros.
En este sintético recorrido biográfico sería injusto no citar a mis amigos “hippies” de toda la vida que han sido y son el crisol cotidiano en el que –fuera de la terapia- nutro y afino la consciencia desde todo tipo de experiencias sanadoras y nutritivas. Siempre sentí su Amor paciente, alegre y generoso con mis errores y mis aciertos.

Hace 16 años encontré una finca en Guadalajara (Valdelacierva) donde he aprendido a ser horticultor, a cultivar tomates con el abono natural de la basura de mis gallinas. En este espacio alcarreño he ido templándome, pacificándome, aprendiendo de la Naturaleza esa bendita metáfora de vida que es el la creación del abono desde la basura: lo identifico con la consciencia responsable y, a menudo, dolorosa de nuestra zona oscura biográfica que –con el trabajo terapéutico- se acaba convirtiendo en fuente de madurez y autoaceptación suficiente.
Pero todo sería menor sin la presencia bendita y cotidiana -desde hace 33 años- de mi mujer, Viqui Valverde. Nuestra profunda, feliz y arraigada relación -fruto de un proceso muy complicado y doloroso en distintas etapas- es parte fundamental de mi confianza en el Amor como energía básica de bienestar existencial. Junto a Viqui forman parte esencial de mi vida mis padres y hermanos cuya generosidad y paciencia he puesto a prueba de vez en cuando. Igualmente es contenido nuclear de mi presente, mi hijo David –su proceso personal- y su familia, donde ya disfruto de ser abuelo de dos nietos.

Ya en la sesentena lo que el corazón me pide es devolver, justa y generosamente, parte de lo mucho que he recibido, en mi proceso, a aquellos a quienes acompaño en su terapia. A todos mis clientes y exclientes, a los que supe ayudar y a aquellos otros con los que fracasé, a todos ellos que tuvieron la gracia de confiar en mi, de compartir su dolor y su alegría en tantas horas de consulta, a todos mi agradecimiento, mi reconocimiento y mis disculpas de todo corazón por mis limitaciones.
Finalmente creo en la Trascendencia del misterioso Todo/Tao cuya energía espiritual se encarna cuando nacemos y retorna a la Fuente en el momento de la muerte. Y creo, igualmente, que realizar el tránsito por esta vida consciente y amorosamente tiene su armonioso reflejo en la eternidad.

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Como entiendo la terapia

El sentido de toda terapia, sea cual sea su etiqueta, siempre es parecido en lo Esencial: lograr la propia autoaceptación suficiente y sostenible. Este es el cambio fundamental que depende básicamente de nosotros no de lo externo, del mundo, de los demás y lo demás que es donde solemos buscar habitualmente la transformación de nuestras vidas.
Autoaceptarse suficiente, responsable y sostenidamente es la finalidad del proceso terapéutico y requiere atravesar etapas de dolor, rabia, vacío, impotencia, miedo, etc según vamos poniendo consciencia y descubriendo nuestros mecanismos neuróticos actuales y aceptando nuestra biografía, nuestro pasado del que sin duda provienen. Nuestro carácter se creó como la mejor alternativa psicoemocional para sobrevivir a nuestra socialización. Entender/experimentar, profunda y conscientemente, esta verdad nos ayuda a actualizar nuestros creencias y patrones neuróticos que condicionan el presente de nuestra vida.
La presencia consciente del terapeuta, que ha integrado esta tarea en su propia vida, es la mejor herramienta para acompañar en su proceso a quienes se acercan al espacio terapeútico para reencontrarse.