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Eustaquio García Valles

La terapia nos permite entrar en contacto con uno mismo y nos ayuda a entregarnos al momento presente. Mediante la atención y el darse cuenta de nuestros patrones y dificultades, adquirimos una mayor confianza para expresar y reconocer nuestra humanidad.

Licenciado en Psicología. U.O.C. Psicólogo General Sanitario. Comunidad de Madrid. C.A.M. Psicoterapeuta acreditado por la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapia. (F.E.AP.)
Miembro Titular de la Asociación Española de Terapia Gestalt.
Formación en Terapia Gestalt. Escuela Madrileña de Terapia Gestalt. (E.M.T.G.)
Formación en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica. Universidad Pontificia de Comillas. Dr. Hugo Bleichmar.
Formación en Psicología Integrativa programa SAT. Dr. Claudio Naranjo.
Formación en Constelaciones Sistémicas. Bert Hellinger sc, Joan Garriga. Jutta ten Herkel.
Postgrado en Creatividad. Análisis y conducción de grupos. Francisco Peñarrubia.
Postgrado en La Relación Terapéutica vista desde el Eneagrama. Agueda Segado Díaz.



Mi Recorrido


Mi búsqueda personal empezó como muchos, de joven pero fue ya entrado en años y con una cierta experiencia en lo grupal y en el mundo de la empresa cuando decidí en 1994, dar comienzo a mi formación en Terapia Gestalt.

Inicié mi terapia individual con Annie Chevraux, quién me ayudó a conocerme y a aceptarme, con quien pude desnudarme y reconocerme tal como era, de una manera dolorosa y más verdadera.

Con ese equipo de profesores y ahora amigos de la EMTG, encontré un punto de unión entre mis diferentes recorridos, pudiendo aprender no sólo un conocimiento profundo del ser humano sino un compromiso esencial con la psicoterapia.

Decidí dedicarme a esta profesión, y continuar con este proceso continuo de aprender y soltar. Paco Peñarrubia, mi maestro mas cercano, me enseñó lo esencial de este oficio, tanto en mi formación como terapeuta como en el desarrollo del proceso creativo.

En el año 1996 conocí a Claudio Naranjo maestro del que he aprendido no sólo a conocer las estructuras y las dinámicas del carácter sino fundamentalmente a tener una mirada, más serena, para acoger lo rechazado y reconocer el como soltar las identificaciones y sostener las incertidumbres de la vida. Hasta la fecha he continuado nutriéndome de su sabiduría tanto a nivel psicológico como espiritual, teniendo la suerte de colaborar en introductorios del programa SAT así como en testimonios y ponencias en diferentes Congresos y Simposium.

En los últimos años añadí a mi formación, el postgrado en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica con el Dr. Bleichmar del que valoro su agudo conocimiento de la psique humana, propia de la mirada psicoanalítica, y su implicación personal en su forma de enseñar.



Entiendo la psicoterapia como un camino de conocimiento y de transformación que abarca las distintas dimensiones del ser; el cuerpo, el carácter, lo familiar- sistémico, lo arquetípico y lo espiritual. Acompañar y también sentirme acompañado en este espacio intimo que vamos habitando, nos va construyendo como seres humanos.

A lo largo de estos años, desde mis primeros retiros de Meditación Zen en 1985 hasta la actualidad, he practicado la Meditación como camino de autoconocimiento. Desde el Zen con Anik Bilard, y Genpo Roshi, y en estos últimos años desde la tradición del Budismo Tibetano he estado siguiendo enseñanzas de Claudio Naranjo de Xavier Dragpa, Keith Dowman, y otros maestros, que me están permitiendo profundizar en este viaje compartido entre Meditación y Psicoterapia. Ambos caminos, el meditativo y el terapéutico nos ayudan a encarar el sufrimiento neurótico y a entrar en contacto con nuestra realidad, para darnos la fuerza de aceptar quienes somos.

La terapia empieza en dirección hacía uno y acaba dando frutos en los demás. De manera que cuando comenzamos a cambiar todo se mueve.

Siento un enorme agradecimiento a mis pacientes de los que he aprendido este bello y difícil oficio, de estar ante un ser humano y acompañarlo.

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Como entiendo la terapia

Para hablar de cómo soy como terapeuta comienzo con una breve reflexión como paciente. Tenía muchas dudas sobre mí mismo, qué quería conseguir, dónde aparecían mis miedos, qué es lo que realmente quería resolver en mi vida cuando ni siquiera sabía que tenía algo que resolver. Todo eso se fue abriendo y fue apareciendo en el proceso de estar delante de otra persona, sin más.

¿Alguien te ha enseñado alguna vez como ponerte delante de otra persona y simplemente ser? Creo que eso no se enseña en la escuela, ni en casa, al menos a mi no me lo enseñaron y como digo no es algo que se pueda enseñar, sin embargo si se puede aprender, puede uno dejarse estar y no interrumpirse por momentos. Si se puede acompañar, si se puede poner oídos, si se puede poner corazón, pero eres tú también quien lo tiene que hacer.

Delante de una persona que no conozco y que me mira en silencio hace que en breve se abran los demonios. Así empiezan todas las formas habituales de reacción; Adecuarme a lo que el otro espera. Dudar o creerme todo lo que le digo. Cuestionar lo que me dices. Empezar a enfadarme ante la falta de sentido o de dirección, juzgar al que tengo enfrente o mil otras formas de no saber estar sin saber. Que cansancio! que hastío repetir una y otra vez el habito sin entender para qué lo hago y cómo puedo parar, mirar y decidir qué es lo que realmente necesito, qué es lo que quiero de verdad?

¿Y todo esto de la terapia en qué ayuda?, ¿en qué me ha ayudado a mi?. Me doy cuenta que en general no queremos cambiar pero si queremos dejar de sufrir. ¿cómo se resuelve esto?. ¿Hay alguien ahí que me pueda decir por donde es el camino?

Todo esto aparece en terapia y mucho más y tiene sentido como un proceso, un viaje que pasa por lo incierto hasta ir construyendo un nuevo lugar de autoapoyo, y de confianza que poco a poco se va reconociendo con arte, y con un cierto equilibrio entre lo tierno y lo agresivo que permita aflorar lo retenido y así tomar la fuerza que viene de dentro y confiar en ella.

Un encuentro semanal basta? Pues si, a veces la crisis puede exigir alguna cita más pero un encuentro semanal permite girar la mirada hacía uno mismo, hacía la participación en mi propio drama o comedia para empezar a reconocerme como actor de mi destino y quizá poder ampliar el guión y llegar a un mejor puerto.
Decidir hacer terapia es algo muy valiente y cuando aparece la necesidad hay que dejarla que se exprese y nos conduzca a quien nos pueda acompañar en ese periodo de nuestra vida.